Con poco más de 1 hm³ de capacidad, pero ubicado en un entorno privilegiado en las faldas del Puerto de la Morcuera, se encuentra el pantano de Miraflores de la Sierra, conocido por haber sido en su momento un gran coto de trucha autóctona.

Está alimentado principalmente por el río Guadalix, cuyo curso continúa después de la presa; sin embargo, también contribuyen el arroyo de los Labrados y otros arroyos menores. Sus aguas son cristalinas —como no podía ser de otra forma en un embalse de montaña—, y es un lugar perfecto para respirar aire fresco y desconectar del bullicio.

Hasta hace unos años, a diferencia de otras masas de agua consideradas como cotos intensivos, las repoblaciones aquí se realizaban con trucha autóctona, lo que incrementaba sustancialmente el coste —se dice que hasta cuatro veces más caro que con trucha arcoíris—, pero hacía ganar muchos adeptos por tratarse de peces más “reales”, con una librea interesante y, sobre todo, por el incentivo de fomentar la cría de peces no exóticos.
El coto estuvo gestionado hasta hace unos años por el Club de Pesca Miraflores de la Sierra; no obstante, aunque sigue apareciendo en la orden de vedas, parece que en los últimos años ya no se realiza una gestión activa sobre el mismo.

Existe una población grande de calandinos; este es un pez muy interesante desde el punto de vista científico, puesto que para su reproducción es necesario que haya machos de otras especies que fecunden los huevos, ya que la mayoría de los ejemplares fértiles de calandino son hembras y los machos son escasos y, en muchos casos, no generan un esperma funcional. En España solo se hibridan con los cachos; por tanto, es de suponer que esta especie también está presente en el embalse. Su pesca está prohibida y cualquier captura accidental debe devolverse inmediatamente al agua.

Para la práctica de la pesca, existe un sendero en forma de U que recorre el embalse desde el acceso situado al sur, bordeando ambas orillas. Dicho sendero desaparece en la parte norte, donde existe una gran diferencia de altura entre el terreno y la lámina de agua, lo que hace que la pesca en esa zona resulte peligrosa y poco aconsejable —de hecho, existen carteles que indican zona vedada, aunque esta restricción no aparece reflejada ni en la orden de vedas ni en el visor de pesca de la Comunidad—.
La orilla presenta, en general, una vegetación densa, por lo que resulta recomendable llevar vadeador para poder lanzar con mayor comodidad desde el agua.

Si se buscan zonas de poca profundidad, conviene recorrer la orilla oeste, por donde desembocan los arroyos y el río Guadalix; por el contrario, si se desea pescar en mayor profundidad, resulta más recomendable dirigirse hacia la orilla este.


El periodo hábil habitual es del 1 de marzo al 30 de noviembre, ambos inclusive, estando vedados los lunes y jueves no festivos y siendo de captura y suelta el resto de los días. Como es habitual en la Comunidad de Madrid, los cebos permitidos son la lombriz, el canutillo y la gusarapa, estando prohibidos la masilla y el gusano asticot. Sin embargo, al ser todos los días de CyS (captura y suelta), lo que se indica en estos casos es:
“En los tramos de captura y suelta incluidos en la zona truchera solo se permite que estos anzuelos sean mosca artificial, ninfa o streamer y, excepcionalmente, la cucharilla de un solo arpón sin muerte”.
Es decir, se aplica el artículo 23 de la orden de vedas para zona truchera. No se indica que sea un tramo de CyS específicamente, pero, a diferencia de Navalmedio o Navacerrada, en este caso todos los días del coto son CyS, y no se expresa claramente que pueda usarse la cucharilla sin muerte. Nuevamente nos encontramos ante un auténtico galimatías normativo, donde probablemente ni quien lo ha redactado se aclare y que, para evitarnos problemas, nos lleva a pescar únicamente con mosca, ninfa o streamer sin muerte.
Creemos que ya no quedan truchas en esta masa de agua, siendo su pesca si acaso algo muy excepcional, y el único aliciente que podemos encontrar hoy en día son carpas, algunas de buen tamaño para unas aguas tan frías.

Todo lo expuesto anteriormente es un buen reflejo de cuál es el panorama de la trucha en la Comunidad de Madrid: no se permiten sueltas de arcoíris —y donde se permiten, son en un volumen muy reducido—; tampoco hay trucha autóctona ni repoblaciones de esta, y las aguas acaban infestadas de peces exóticos —carpas, en este caso—, que terminan siendo el único pez pescable. De este modo, acabamos pagando un permiso de zona truchera de 6,75 € para pescar carpas, con todas las limitaciones propias de una zona truchera y, en este caso, además, Truchera + CyS: sin cebo, ni señuelos, ni varios anzuelos y con obligación de anzuelos sin muerte, algo cuanto menos curioso para pescar un pez que hoy se considera exótico y cuya captura debería implicar su sacrificio.
Esta situación solo se explica por la dejación administrativa. Estos cotos, que en su día fueron grandes lugares a los que acudir, han ido perdiendo la colaboración de las sociedades de pesca que los cogestionaban debido a las innumerables trabas encontradas para desarrollar su actividad y a la falta total de apoyos o subvenciones. Ya ni siquiera hace falta acudir a la masa de agua para intuir lo que uno se va a encontrar, puesto que, con solo consultar la orden de vedas, se puede vislumbrar el auténtico Frankenstein normativo que se ha ido construyendo con los años por personas que firman desde sus despachos y no acuden a comprobar la realidad ni por asomo.
Como ya hemos comentado en otras entradas, la situación de varias masas de agua en zona truchera —concretamente los embalses de Navacerrada, Navalmedio y Miraflores— es especialmente sangrante, dado que disponen de aguas puras de alta montaña, en entornos espectaculares, y están completamente abandonados, proliferando en ellos las especies invasoras, cobrando los pases a precio de oro y, lo que es peor, sin ninguna declaración de intenciones de que esta situación vaya a cambiar o de que alguien vaya a hacer algo al respecto en los próximos años.

































